
La niña de la oficina postal, me robó los ojos desde aquel día en que tuve que asistir a ese lugar olvidado por la sociedad de ahora que, a través del correo electrónico, mantiene una comunicación tan veloz, vana e incoherente que nos basta con eso para sentirnos cerca de otras personas…
Ese día la vi y quizá empezó siendo una mujer más de esas mujeres “bonitas” que de pronto uno ve por la calle y suspira pensando en X o Y motivo que tendrá la vida para haber definido las cadenas de ADN de un individuo de manera tal que considerara tal persona como inalcanzable.
Y quizá por inalcanzable, me permite soñar… me permite hacer referencia a un asunto platónico (en el sentido vulgar y pobre que se le suele dar a la expresión).
Varias veces tuve el agrado de presentarme al rincón olvidado y tuve la suerte de verla, con su traje de “oficina postal” blusa celeste, como el cielo más despejado y “azul”, de botones, con una pequeña tira saliendo del hombro y sujetándose al área del cuello de la blusa por medio de un botón de plástico, las bolsas frontales de la camisa con una pequeña lengüeta de tela que se sujeta con otro botón para mantener el bolsillo cerrado, dejándolo inútil para el lapicero, pero llenando el espacio visual para borrar el fondo liso de la camisa, resaltando las proporciones especiales que Dios le regaló; el pantalón azul marino, de esos que se diseñan especialmente para las damas, que con magia de sastre pueden ejercer una presión ligera pero a la vez atractiva que resalta la región de las caderas, sin que se vean demasiado anchas, pero si lo suficiente como para indicarle a mis manos ese lugar donde podrán reposar con la mayor tranquilidad del mundo. Lastimosamente el escritorio es tan alto que los zapatos no pueden apreciarse ni siquiera con la mirada más disimulada, pero seguramente serán negros, mocasines tal vez, así los escogería alguien como ella… quizá calcetines blancos porque son los que venden a la vuelta de la esquina.
Un uniforme diferente al de los demás, quizá porque cada empleado debe arreglárselas por su cuenta… pero un uniforme que a mi mirada se volvió casi una imagen permanente, es esa imagen de la que ni siquiera con disimulo tomaría en fotografía, porque, como dice Isabel Allende: “la fotografía que nunca se olvida es aquella que no se tomó”. Haciendo honor a esa aseveración mantengo su imagen de la forma más fiel posible.
Con esa hermosa carita de ángel (no puedo evitar el cliché), que quizá podría comparar con alguna persona conocida, pero que tiene una singularidad que no cabe ni siquiera en papel y que estoy seguro que no muchos pueden ver, tiene un lunar, no recuerdo exactamente donde, pero es notable, sin embargo no le resta hermosura a su rostro, los ojos, del color que sean, pero con una mirada sutil, superficial, como aquella de la persona que por hacer su trabajo, te mira a los ojos, pero que no pasa de un contacto casual y absolutamente necesario, pero que me dejó con el deseo de que perforara mis pupilas como para talvez interesarse en la vida de algún desconocido que insistentemente pregunta por libros que compró hace más de un mes…
El cabello, un tanto rizado, pero con una cola jalada que hace que, por encima de la cabeza le siga perfectamente el contorno, y al llegar al dispositivo que la sujeta, florecer en los leves rizos en los que mis manos desean perderse incontable número de veces.
Su olor… hubiese sido un buen “valor agregado” a esa fotografía que no le tomé, probablemente sea una fragancia barata, porque seguramente los ángeles son tan queridos por Dios, que velozmente le es asignado un protector, quien, por acuerdo mutuo se convierte en la compañía quizá temporal, quizá permanente… quizá ya hasta tenga hijos, pero eso solo me haría envidiar a más de una persona…
Me evadió la primera vez, recibió mi documento y se lo pasó a otra persona, pero en ese momento que dio la espalda al mostrador para entrar, pude ver lo justo de la blusa, de esas que al estirar mucho la espalda, se salen del pantalón… pero no importa, es señal de que uno trabaja y que por alguno u otro motivo tuvo que hacer un movimiento que rompería la integridad del uniforme, nada que un pequeño ajuste no pueda reparar… para posteriormente llegar a mi segunda visita, en la que se repitió la rutina, sin embargo, la vi salir del cuarto de los paquetes, sin nada más que mis documentos en las manos, para decirme que quizá debería hacer el reclamo porque el paquete no llegaba… pero lo más impresionante fue la bella sonrisa después de escuchar mi nervioso “gracias”… y luego, cuando me dirigía a la puerta, un “Que le vaya bien” que simplemente me hizo levantar la mirada y sonreír, tras otro nervioso “gracias”…
La volveré a ver, y ya hice un plan… lástima que los planes nunca se siguen al pie de la letra… pero llegaré, y no me importa si está atendiendo a alguien, haré cola para que me atienda, y mientras firmo los papeles le preguntaré si se acuerda de mí, de mis libros, que por fin llegaron, y le diré que quería llegar de nuevo, pero que me daba pena llegar sin nada porque quizá ella iba a pensar que el usuario gordito de anteojos no había pedido libros y quizá solo quería enamorarse de ella y volverla a ver; todo esto se lo diría firmando mi papel, con la vista hacia abajo, para luego, levantar la vista y decirle que de igual forma es una buena excusa y que de haber sido así hubiera sido mejor que los libros no llegaran… la miraría a los ojos y vería quizá una sonrisa nerviosa y su rostro sonrojado, y quizá la mirada se hubiese abierto para dejarse conquistar y quizá invitarla a un café… o conseguir su número de teléfono para poder seguir en contacto, o preguntarle donde vive
O decirle que alguna compañía extranjera debería contratarla porque solo por buscar excusas para verla, estoy dispuesto a comprar algo para ir a recogerlo a la oficina postal.
O decirle que no tengo vicios, pero que es imposible no tener vicios, así que probablemente mi vicio es querer conocer una mujer hermosa, y que desde hace mucho tiempo no me había sentido embriagado por ese sentimiento.
Quizá me dé su teléfono, y vayamos a tomarnos un café, y pueda olvidarme de la chica de mi vecindario que recibe clases de cocina y juega con sus sobrinos en las tardes, y algún día pueda verla en un atuendo diferente al de la oficina posta, pueda ser su amigo, pueda abrazarla y quizá acompañarla en alguno que otro momento difícil, quizá mi vida sea en ese ámbito una novela de realismo mágico con una historia que nace al recostarme en el escritorio de la oficina postal para verla a los ojos, y quizá llevarle una carta que vaya con destinatario a “la misteriosa chica de la oficina postal” y que tras pagar el franqueo postal, se entregue directamente a su destinatario para que quizá se enamore de mi, o quizá me apunte en la lista de los hombres que han buscado cualquier excusa tonta para insinuarle algo fuera de lugar… aunque en la oficina postal probablemente solo sean viejitos que tienen a su familia muy lejos y les mandan postales, como el señor que el otro día pidió las postales para verlas y que un muchacho le enseñó quizá las postales mas feas del país, porque las que él buscaba ya se habían acabado, o quizá el joven del kiosquito bancario ubicado a mano derecha de la entrada a la oficina postal. o quizá algún compañero de trabajo que puso en riesgo su permanencia en la oficina (o la de ella) tratando de iniciar una relación sentimental con ella…
Quizá algún día pueda sentir la tela de su uniforme… quizá algún día CONOZCA sus manos, su pelo, su cuello, sus piernas, sus senos; y mis manos buscarán hacer lo posible porque se sienta tranquila, empezarán por reposar en el camino indicado por su uniforme, luego seguirán ingenuamente y poco a poco abriéndose paso a través de los laberintos superficiales que le rodean, quizá esté nerviosa, o quizá sonría de la ansiedad, quizá la ternura invadirá su rostro y lo expresará de la manera más dulce con caricias y besos apasionados; y buscaré ser quizá su objeto y me dejaré llevar por sus deseos aunque me cueste mi sueldo, pensaré en como agradarle siempre y quizá con alguno que otro detalle. Quizá algún día llegue a quererme tanto y a sentirse completa junto a mí. Quizá algún día seamos novios y cumplamos cinco años andando y empecemos a pensar en armar nuestra vida en común, y yo aprenda a escribir cosas que valgan la pena, como por ejemplo: Mi vida con mi amor; quizá ella sea mi amor… quizá pueda aprender a serlo, y aprender yo a ser el amor de ella… quizá construyamos castillos en el aire para luego botarlos con una palabra, así como se bota todo un sueño como este en cuatro palabras: PROBABLEMENTE NUNCA PASE NADA… o peor aún, en tres: NUNCA PASARA NADA, tal vez en dos: NO EXISTE, o quien quita, en una: NUNCA